jueves, 30 de enero de 2014

CENIZAS. Por Fontanarrosa.

Al encontrarse ya dentro de la cancha, pisando la gramilla, el Colo pensó lo que tantas veces había pensado: “Qué pelotudez es venir a una cancha para otra cosa que no sea ver un partido de fútbol. Es como comer solamente puré. O lechuga”. Se acordó una vez más del Mundial del 78 en Mar del Plata. Antes de comenzar los partidos donde jugaba Italia salían a la cancha los condottieri, un grupo de muchachitos vestidos al estilo medieval, con mucho bordado, mucha seda, portando enormes banderas multicolores. Allí, sobre el verde césped, bajo el frío glacial que hizo ese invierno, ondeaban las banderas sobre sus cabezas en ampulosos y armoniosos giros. Le habían dicho al Colo que aquél era un espectáculo clásico de Siena, transportado entonces a La Perla, ya que los azzurri disputaban esa zona. Pero lo que justificaba el número, lo que rescataba en realidad la ceremonia y la hacía graciosa y soportable, es que luego, después, cuando el último de esos pendejos presumiblemente milaneses o romanos desaparecía por el agujero del túnel con la satisfacción del deber cumplido, salían los equipos y jugaban un partido de fútbol. Era un buen aperitivo entonces el de las banderas, un entremés, pero no podía ser el plato de fondo. En la Edad Media, concluyó el Colorado... ¡aquél era el plato de fondo! Se juntaban un montón de tanos, se reunían en una plaza o en un “largo”, veían a los pendejos revolear las banderas como locos, y luego todos se iban de vuelta para sus casas dichosos y contentos con el espectáculo recibido... ¡Y no había partido de fútbol! Al menos en aquellos tristes casos, meditaba el Colo, la cosa no era en estadio alguno, entonces podía justificarse la ausencia u omisión del más popular de los deportes. ¡Pero el Colo había ido una vez a ver a Serrat, en el Gigante, y pensó lo mismo! Quería ver al catalán, recordaba, tenía ganas de oírlo, eso era lógico. Pero mientras se acercaba al estadio, mientras circulaba por los pasillos bajo las tribunas, mientras se ubicaba mansamente y sin nervios en las plateas, pensaba: “¡Por qué no habrá un partido, aunque más no sea de reserva!”. Experimentaba la misma sensación que solía asaltarlo cuando, al viajar en auto, pasaba junto a un camión. El Colo estaba preparado mentalmente para resistir la duración de un viaje. Las cuatro horas, por ejemplo, del Rosario-Buenos Aires. O las doce horas del Rosario-Mar del Plata. O las casi seis del Rosario-Córdoba. Sabía que poco a poco, kilómetro a kilómetro, iba quedando ya menos tiempo para llegar y luego, sí, esperaba el baño, la ducha reparadora, el descanso, el mirar televisión descalzo. Pero al pasar junto a los camiones no podía menos que imaginar al abnegado camionero: no llegaba nunca. Su trabajo era no llegar nunca. Y ésa era la sensación. Ir a un estadio de fútbol a otra cosa que no fuera ver un partido de fútbol era no llegar nunca. No tener un punto de referencia. Como le pasaba al puré, a la lechuga, a los pobres pelotudos de los condottieri revoleando banderas que ni siquiera eran comunistas, o a los camioneros que no llegaban nunca a ninguna parte. Reflexionando el Colo sobre todo eso, con la cajita de madera entre las manos (se la habían confiado por un ratito) derivó indefectiblemente en la memoria de cuánto lo habían atemorizado los camioneros cuando se iba acercando, aquella noche, a Pelotas. O a Torres. O a Florianópolis. Y él iba con la familia en un Citröen, vehículo impensable para los brasileños, a disfrutar de unos días en la playa. Carro estranho había musitado un morocho girando curioso en torno al Citröen, cuando pararon en una estación de servicio. “Imposible tenerlo acá en Brasil” agregó luego. “No —sonrió el moreno—. Le cortan la capota y le roban todo”. “Tudu” pronunciaba, en ese idioma en joda que ellos tienen. Y los camiones, madre mía. Enormes, prepotentes, rumorosos, terminales. En esas carreteras ondeantes, sinuosas y mojadas por la lluvia intermitente y rompepelotas. Por la noche aquellas moles se ubicaban sigilosamente detrás del Citröen y luego lanzaban sobre él un torrente de luz, una catarata enceguecedora de un blanco definitivo que bañaba la región, el asfalto, el perfil verde de los morros amenazantes, y penetraba en el coche esculpiendo volúmenes macabros en el interior, restallando en el espejito retrovisor como una cachetada de advertencia. Y el Colo no hallaba el espacio a la derecha para tirarse. A la derecha estaba la franja blanca del límite del camino. Después, la negrura de la noche, quizás los mojones, quizás el abismo, quizás el precipicio de cientos de metros sobre el mar oscuro, tal vez una franjita mínima de tierra donde el día de mañana abriría sus brazos una pequeña cruz recordatoria de la familia argentina que plegó sus alas buscando el talco de las playas brasileñas, la amabilidad de sus aguas y el rosáceo nácar de las casquinhas del sirí.


Y el tipo estaba sentado unos treinta metros más allá, bajo un quincho. Parecía, por la pinta, un alemán o un suizo, de ésos que van a Brasil para calcinarse como camarones en la playa, para extasiarse con el culo de las mulatas y tomar caipirinhas a lo bestia. Rubio, casi coloradón como el Colo, de barba corta y enrulada, dormitaba en su reposera frente al mar. No había mucha gente en la playa. O la había, pero parecía poca de tan desperdigada que estaba. “No como en Mar del Plata” había dicho Sarita, gozosa. El Colo se acercó al alemán —o al suizo—, levantó explícitamente el tubo de bronceador en el aire y preguntó:

—¿Se lo dejo? ¿Se lo puedo dejar en la mesita? —ejemplificando, a la vez, con el gesto claro de depositar el tubo sobre la mesa que (junto a la reposera donde dormitaba el rubio) mostraba una acumulación de toallas y sandalias en la soga. El tipo lo miró apenas y asintió con la cabeza, haciendo ahorro —suizo al fin— de su gutural idioma. El Colo trotó hacia el agua y se metió en ella con la confianza que da saber que no se trata de un agua congelada que descargará martillazos de rabia sobre los dedos de los pies, morderá las rodillas y apretará

miércoles, 29 de enero de 2014

Pablo Neruda

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".


El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.



En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.


Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

domingo, 26 de enero de 2014

EL AMOR...

Esta es una historia que jamás se escribió, porque los dioses del olimpo lo prohibieron. Pero Prometeo cuando es liberado por Hércules, jura divulgarla en através   de la palabra oral por todo el mundo. En realidad solo se escribió una sola parte y esa es la que mas se ha divulgado. Los Dioses no lo admiten pero en realidad  nos tiene mucha envidia. Esto se debe a que ellos son eternos… y nosotros no… es por ello que para nosotros cada minuto es único he irrepetible. Entonces podemos disfrutar al máximo nuestras vidas. Y obtener AMOR… En los sueños podemos construir catedrales, puentes, fortalezas etc... Maravillas que el hombre despierto jamás construirá ni siquiera pensará, laberintos sin principio ni final. Podemos edificar magníficos lugares y concluir proezas jamás cumplidas por el hombre ni los dioses del olimpo.... Solo el Amor puede superar lo sueños, por eso es que decidimos despertarnos y Amar... para que la realidad sea mejor que nuestros sueños.

Hubo una vez en la historia del mundo, un día en el que el ODIO, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes convocó a una reunión urgente con todos los sentimientos negros del mundo y deseos más perversos del corazón humano. Llegaron a esta reunión con gran curiosidad de saber cual era el propósito...



Cuando estuvieron todos, habló el odio y dijo: “Los he reunido aquí, a todos ustedes, porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien...” Los asistentes no se extrañaron mucho, pues era el odio quien estaba hablando y el siempre quiere matar a alguien.

Sin embargo todos se preguntaban entre sí quien sería tan difícil de matar porque el odio los necesitaría a todos... “quiero que maten al AMOR...” dijo el ODIO, muchos sonrieron malévolamente pues mas de uno le tenía ganas... El primer voluntario fue el MAL CARÁCTER quien dijo: “Yo iré y les aseguro que en un año el AMOR estará muerto, provocaré tal discordia y rabia que el AMOR no lo soportará.”

Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del MAL CARÁCTER quedaron muy decepcionados... “lo siento, lo intenté todo, pero cada vez que yo sembraba una discordia, el AMOR la superaba y salía adelante...” Fue entonces cuando muy diligente sé paró la AMBICION que haciendo alarde de su poder dijo: “En vista que EL MAL CARÁCTER fracasó, iré yo, desviaré la atención del AMOR hacia la riqueza y el poder, eso nunca lo ignorará...”

Y empezó la ambición el ataque hacia su victima, quien en efecto dio cabida a la ambición de riquezas y poder, pero el AMOR luchó y salió adelante y renunció a todo deseo desbordado y triunfó de nuevo...

Furioso el ODIO por el fracaso de la AMBICION envió a los CELOS quienes burlones y perversos intentaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar al amor para lastimarlo con dudas y sospechas infundadas, pero el AMOR confundido lloró y pensó que no quería morir, así que con valentía y fortaleza se impulsó sobre ellos y los venció...

Año tras año el ODIO envió a sus más hirientes amigos. Envió a la FRIALDAD, EGOISMO, INDIFERENCIA, POBREZA, ENFERMEDAD, y a muchos otros mas que fracasaron siempre porque cuando el AMOR se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerzas y todo lo superaba... El ODIO convencido de que el amor era invencible les dijo: “Nada que hacer el AMOR lo ha soportado todo llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos.”

De pronto de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido, vestía de negro y con un sombrero gigante que cubría todo su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte... “Yo mataré al AMOR, lo mataré” dijo con seguridad, y todos se preguntaban quien era ese que pretendía hacer solo lo que ninguno había podido hacer... el ODIO dijo ve y hazlo...



Tan solo había pasado algún tiempo cuando el odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para decirles que después de mucho esperar, por fin el AMOR había muerto todos estaban felices, pero sorprendidos, entonces el sentimiento del sombrero negro habló: “Ahí les entrego al AMOR totalmente muerto y destrozado” y sin decir mas se marchó.

Espera dijo el ODIO –en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste, y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?- El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: soy LA RUTINA”...

Aquí acaba la historia…. la divulgada por los Dioses.



Lo que no se cuenta es que en ese momento,  de la caja de Pandora… salio como una centella hacia la ayuda del AMOR, LA ESPERANZA, que había permanecido oculta por mucho tiempo en el interior de la caja. Y se unió con el PERDON. Cuando llegaron ya no había nadie. La esperanza tomo al amor y lo abrazo muy fuerte… le dijo que ella estaba alli… pero no afuera abrazándolo sino allí y le apunto al corazón. Lo acarició suavemente y… EL AMOR solamente pudo mover sus mano y mencionó las mas ciertas palabras del mundo: no es así yo ya he muerto, solo me despido de ustedes mis dos grandes y fieles Amigos…pero aquí (señalando al corazón de la ESPERNZA) hay alguien que no morirá jamás, por que ni los Dioses te pudieron ocultar. Aquí nace un nuevo AMOR, pero: Es necesario alternar la reflexión y la acción, que se completan y corrigen la una con la otra. También para avanzar se necesitan las 2 piernas: la acción y la reflexión”. Fue cuando el Amor se predio fuego y se consumió en sus propias llamas. Cuando a la ESPERANZA Y EL AMOR derramaron la primera lagrima y esta cayo sobre las cenizas del Amor, salio Despegado como el mismísimo Ave Fénix desde las cenizas salio un potente rayo justo a las 3:33 Am. Que llego a la luna y volvió. Por ello esa es la hora del Amor. Por que ese pájaro que salio desde allí era un nuevo Amor… 


viernes, 24 de enero de 2014

Mito de Prometeo

Cielo y tierra habían sido creados; el mar se mecía en sus orillas y en su seno jugueteaban los peces; en el aire cantaban, aladas, las aves; pululaban en el suelo los animales. Pero faltaba aún la criatura en cuyo cuerpo pudiera dignamente morar el espíritu y dominar desde allí todo el mundo terreno. Apareció entonces en la Tierra Prometeo, vástago de la vieja estirpe de los dioses que Zeus destronara, hijo de Japeto, que lo era de Urano, nacido de la Tierra, dotado de gran ingenio. Bien sabía éste que en el suelo dormitaba la semilla del Cielo; por eso tomó arcilla, la humedeció con agua del río, la amasó y modeló con ella un ser a imagen de los dioses, señores del Mundo. Para animar este amasijo obra de sus manos, pidió a las almas de todos los animales cualidades, buenas y malas, y las encerró en el pecho del hombre. Entre los Olímpicos tenía una amiga, Atenea, diosa de la sabiduría, quien, admirada de la obra del hijo del Titán, infundió en la figura semianimada el espíritu, el hálito divino.

Así nacieron los primeros hombres, y no tardaron en multiplicarse y llenar la Tierra. Durante largo tiempo, sin embargo, no supieron cómo servirse de sus nobles miembros y de la divina chispa que recibieran. Miraban en vano, sin ver; oían sin oír. Vagaban como fantasmas, sin poder ayudarse de lo creado. Desconocían el arte de excavar las piedras y trabajarlas, de cocer ladrillos con barro, con los troncos caídos del bosque tallar maderos, y con todas estas cosas construirse viviendas. Pululaban bajo el suelo, en cavernas donde jamás penetraba el sol, como inquietas hormigas. No conocían las señales seguras anunciadoras del invierno, de la primavera con sus flores, del verano con su riqueza de frutos. Cuanto hacían era sin plan ni concierto.
Y he aquí que en Prometeo se despertó el interés por sus criaturas. Les enseñó a observar la salida y la puesta de los astros, las inició en el arte de contar, en el de la escritura; les enseñó a reducir a los animales al yugo y a utilizarlos como compañeros de trabajo; acostumbró los corceles a la brida y al carro, inventó barcas y velas para navegar. Se preocupó igualmente de los demás aspectos de la vida de los humanos. Antes no sabían éstos emplear remedios en sus enfermedades, desconocían los ungüentos que mitigan el dolor y no practicaban para cada dolencia una dieta apropiada; por falta de medicinas, los pacientes sucumbían miserablemente. Por eso, Prometeo les enseñó a mezclar medicamentos con que combatir toda suerte de enfermedades. Les enseñó luego el arte de la predicción, revelándoles los significados de señales y sueños, del vuelo de las aves y de los aruspicios. Además, les hizo dirigir la mirada al interior de la tierra y descubrir así los minerales metálicos: el hierro, la plata y el oro. En una palabra, les inició en todos los regalos y las artes de la existencia.
No hacía mucho que reinaba en el Cielo, junto con sus hijos, Zeus, que había destronado a su padre Cronos y a la antigua raza de dioses de la que también descendía Prometeo.
Y he aquí que los nuevos dioses fijaron su atención en el linaje de hombres que acababa de nacer. Le exigieron les rindiera homenaje, a cambio de la protección que pensaban dispensarle. Se celebró en Mekone (Sición), Grecia, ura asamblea de mortales e inmortales, y en ella se estipularon los derechos y deberes de los hombres. Como abogado de sus humanas criaturas se presentó en la asamblea Prometeo, con objeto de velar para que los dioses no impusiesen excesivas cargas a los mortales en pago de la protección otorgada. Pero su listeza incitó al hijo de los Titanes a engañar a los dioses. En nombre de sus criaturas sacrificó un gran toro, del cual los Olímpicos debían escoger la parte que desearan. Una vez despedazado, había hecho dos montones con el cuerpo del animal propiciatorio: de un lado puso la carne y las entrañas, con abundante grasa, atado todo ello en la piel del animal, y puso el estómago encima; del otro lado colocó los huesos mondos, envueltos hábilmente en el sebo de la víctima. Y este montón era el más voluminoso. Pero Zeus, el padre de los dioses, el omnisciente, vio el engaño y dijo: «Hijo de Japeto, rey ilustre, buen amigo, ¡qué desiguales has hecho las partes!». Creyó entonces Prometeo haberle engañado y, sonriendo para sus adentros, dijo: «Ilustre Zeus, el más grande de los dioses eternos, escoge la parte que el corazón en tu pecho te aconseje». Zeus sintió la indignación en su alma, pero cogió adrede con ambas manos el blanco sebo y, habiéndolo apretado y viendo los pelados huesos, simuló que hasta aquel momento no se daba cuenta de la superchería e, irritado, exclamó: «¡Bien veo, amigo Japetónida, que no has olvidado todavía el arte del fraude!»
Resolvió Zeus vengarse de Prometeo por su engaño, y negó a los mortales el último don que necesitaban para alcanzar la plena civilización: el fuego. Más, también aquí supo componérselas el astuto hijo de Japeto. Cogiendo el largo tallo del jugoso hinojo gigante, se acercó con él al carro del Sol que pasaba y prendió fuego a la planta. Provisto de aquella antorcha bajó a la Tierra y pronto la primera hoguera flameó hacia el Cielo. Fue el Tonante quien más se sintió dolido en el fondo del alma, cuando divisó a lo lejos el resplandor del fuego elevándose de entre los hombres. Inmediatamente, y para reemplazar el uso del fuego, que no podía ya arrebatar a los mortales, ideó para ellos un nuevo mal: Hefesto, dios del fuego, famoso por sus habilidades, formaría la estatua de una hermosa doncella. La propia Atenea que, celosa de Prometeo, se había trocado en su enemiga, echó sobre la imagen una vestidura blanca y reluciente, le aplicó sobre el rostro un velo que la virgen mantenía separado con las manos, la coronó de frescas flores y la ciñó el talle con un cinturón de oro, artística obra que Hefesto ofrendara también a su padre, adornada maravillosamente con policromas figuras de animales. Hermes, el mensajero de los dioses, otorgaría el habla a la bella imagen, y Afrodita le daría todo su encanto amoroso. De este modo Zeus, bajo la apariencia de un bien, había creado un engañoso mal, al que llamó Pandora, es decir, la omnidotada; pues cada uno de los Inmortales había conferido a la doncella algún nefasto obsequio para los hombres. Condujo entonces a la virgen a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y otros se pasmaron ante la figura incomparable. Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenio hermano de Prometeo (1), llevándole el regalo de Zeus. En vano aquél había advertido a su hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olímpico Zeus, para no ocasionar con ello un daño a los hombres; debía rechazarlo inmediatamente. Epimeteo se olvido de aquellas palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella y no se dio cuenta del mal hasta que ya lo tuvo. Pues hasta entonces las familias de los hombres, aconsejadas por su hermano, habían vivido libres del mal, no sujetos a un trabajo gravoso, exentos de la torturante enfermedad. Pero la mujer llevaba en las manos su regalo, una gran caja provista de una tapadera. Apenas llegada junto a Epimeteo abrió la tapa y en seguida volaron del recipiente innumerables males que se desparramaron por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la caja hahia un único bien: la esperanza; pero, siguiendo el consejo del padre de los dioses, Pandora dejó caer la cubierta antes de que aquélla pudiera echar a volar, encerrándola para siempre en el arca. Entretanto, la desgracia llenaba, bajo todas las formas, tierra, mar y aire. Las enfermedades se deslizaban día y noche por entre los humanos, solapadas y silenciosas, pues Zeus no les había dado la voz. Un tropel de fiebres sitiaba la Tierra, y la muerte, antes remisa en sorprender a los hombres, precipitó su paso.

Después, Zeus dirigió su venganza contra Prometeo. Entregó al culpable a Hefesto y sus criados, Cratos y Bia (la coerción y la violencia), quienes hubieron de arrastrarle a las soledades de Escitia, y allí, sobre un espantoso precipicio, encadenarle con cadenas indestructibles al muro de roca del Cáucaso. Hefesto cumplió con desgano el mandato de su padre, pues amaba en el hijo de los Titanes al consanguíneo descendiente de su abuelo Urano, a un vastago de los dioses de tan alta alcurnia como Zeus. Con palabras llenas de piedad y bajo los improperios de sus brutales servidores, mandó a estos a que efectuaran el cruel trabajo.
Y así hubo de permanecer Prometeo suspendido de la desolada peña, de pie, insomne, sin nunca poder doblar la cansada rodilla. «Exhalarás muchas inútiles quejas y suspiros ?le díjo Hefesto?, pues la voluntad de Zeus es inexorable, y todos aquellos que llevan poco tiempo disfrutando de un poder usurpado son duros de corazón (2)». En realidad, el tormento del cautivo debía durar eternamente, o por lo menos treinta mil años. Aunque suspirando y quejándose a voces,

Metegol. por Fontanarosa.




Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me enseño nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya.
Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él... ¿para qué m... juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la brasileña y otras estupideces.
¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me saca de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha... Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. Para eso es arquero. Después una línea de tres. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo... ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo... Maradona... ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. debe llevar más de 12.000 goles. por debajo de las patas... Y...¡el tipo está ahí!


donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡Pum! adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es maño tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco.
Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como 12.000 goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace 25 años, 25 años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos escegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltando todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está ésta cancha! ¡Qué lástima! Qué poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el metegol.
Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero... ¡qué!... apenas los muchachos vieron el metegol al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro.


¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí nomás lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre 20 y 25 años personal viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba.
¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que se movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia , nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarra la manija porque está aburrido y para matar el tiempo se juega un metegol. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese!

jueves, 23 de enero de 2014

Luis Alberto Spinetta


Una vida... de música
Luis Alberto Spinetta nació el 23-01-1950 en la Capital Federal. Su infancia transcurrió sobre
la calle Arribeños, en el barrio de Belgrano, cerca del club "River Plate" de quien es hincha
confeso.

De pequeño vivió escuchando música de toda índole, y tempranamente comenzaría a cantar
 y a tocar la guitarra, debutando en TV a la edad de 14 años.



El descubrimiento de los Beatles cambiará su vida. Hacia 1967, junto con otros compañeros de escuela, forma Almendra, banda en la cual volcara su enorme caudal poético y musical. Dicho grupo marcaría afuego la historia del rock argentino.
Almendra ha hecho historia, es obvio decírlo, no ya por el mero "racconto" de las "enormes canciones" que trascendieron el tiempo y la distancia; sino por proveer de una estética y de un concepto a un movimiento rockero exultante e intencionado, pero difuso...
Por entonces, en el incipiente panorama que comenzaba a surgir, encontrabamos a Tanguito, con su halo mítico de hombre suburbano, "beatnik" y existencial (aún sin saberlo) que pagó como nadie el precio de enarbolar su anárquica libertad, en tiempos de represión; Manal y su blues urbano, con cierto dejo tanguero en su lírica y su acertadísima visión del agobio mundano y cultural, que comenzaba a ser puesto en crisis... Litto Nebbia y los Gatos, con su rock cadenciosamente "beat" y un tanto más "digerible" para las audiencias no iniciadas. Moris, pretendiendo ser una suerte de "Dylan" argentino, limitadísimo en lo musical, pero con una percepción y una honestidad que permitía desatender dichas carencias... Miguel Abuelo con su vuelo creativo (cuasi psicodélico) y Arco Iris, con un concepto más "hippie", pero prescindiendo de drogas y experimentando la vida comunitaria y cierta permeabilidad hacia la música folklorica y latinoamericana.

Almendra, a través de Spinetta, se transformó en un género, que si bien conceptualmente se contactaba con dichos pioneros, se diferenció claramente del resto, en su estética, en su lírica y en su música.
No habían aparecido por entonces: Charly García, León Gieco, Vox Dei, Raúl Porchetto, y comenzaba a emerger un dúo acústico, con letras tan acertadas como "censurables" para el sistema: Pedro y Pablo. Pappo's Blues era un proyecto aún, ya que el guitarrista mítico del rock nacional, no había grabado aún con banda propia; sino que se destacaba como guitarra líder en el último (y más rockero disco) de Los Gatos.

Canciones como Muchacha (Ojos de papel), Plegaria para un niño dormido o "A estos hombres tristes", fueron compuestas por Spinetta entre sus 15 y sus 17 años, demostrando una madurez y una profundidad lírica que no tiene antecendentes en la música popular argentina.
Su bagaje literario era amplio y ecléctico: desde María Elena Walsh, Cortazar, Sábato, Borges, y con una experiencia melómana amplia y diversa, que abrevaría fundamentalmente en dos ejes: los Beatles y el tango a través de su padre.
Recordemos que efectuó sus primeras armas musicales, sobre una antigua "guitarra criolla" de la década del '20, provísta por un tío comprensivo.

Spinetta demuestra a partir de Almendra su aficción estética por transitar por los bordes, haciendo gala de su amor por las disonancias, por los acordes disonantes, extraños, y las armonías inusuales y heterodoxas... Esta actitud, sumada al desafío de construir de la nada una música urbana en castellano, enormemente lejos de la copia ( como parecía ser la meta de grupos como Los Shakers) era doblemente arriesgada. Es decir, construir de la "nada" lo nuevo, y construírlo con una personalidad lírica y musical no corrientes, es un camino para pocos... Cabe destacar que por entonces (en contraposición a lo que ocurre ahora) los rockeros no eran "estrellitas faranduleras", sino "forajidos" peligrosos...Por entonces, músicos y público eran "amablemente" invitados a un "fascinante" recorrido "turístico" por los calabozos de Buenos Aires, tras los conciertos...

Pese a todo y con rudimentarios instrumentos (como ejemplo: en el tema De nada sirve de Moris, se grabó el "bajo eléctrico" con las cuerdas graves de una guitarra criolla...) el rock seguía adelante...
El propio Spinetta pudo hacerse de una guitarra "Gibson" a traves de un irrelevante músico orquestal italiano...
Recién un año antes de la aparición de Almendra, Los Beatles estrenaban dichas "anomalías" musicales en su antológico "Album Blanco", y en el rock que llegaba por entonces, exeptuando a Hendrix o Cream (con un virtuoso Eric Clapton) pocos artistas, se lanzaban a la experimentación armónica o a los aventuramientos musicales no ortodoxos.

Serrat, Mírame y no me toques

Se conocieron en uno de esos pastos urbanos, 
entre apretujones 
y copas vacías, 
donde se cuecen las mentiras de primera mano 
y las vanidades 
de bisutería. 

Él era un consumado artista del ojeo 
midiendo la noche 
desde su atalaya. 
Resistiendo los envites de los mirares ajenos 
hasta que le echaban 
humo las pestañas. 

Cuando ella respondió al torniquete de su mirada 
con el navajazo 
de sus ojos negros, 
él se dio cuenta que la vida le regalaba 
una compañera 
para sus juegos. 

Fue un inquietante romance 
que sólo el aire llegó a acariciar... 
Aprendieron a citarse 
manteniendo el riesgo del azar... 
Buscando sin encontrarse, 
buscando sin encontrarse. 

Mírame, mírame. 
Mírame y no me toques, pero mírame. 

miércoles, 22 de enero de 2014

HISTORIAS DE AMOR (Por Alejandro Dolína)



El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el amor. Los Hombres Sensibles de Flores tomaban ese rumbo cuando querían explicar el cosmos. Y hasta los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas, que el amor existe. Eso si, nadie debe confundir el amor con la dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma cosa. Especialmente en el barrio del Ángel Gris, que es también el barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo. 

Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados. Por eso los poetas de Flores buscaban el desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto. 


Casi todos quedaban en la mitad del camino. Manuel Mandeb veía las cosas de un modo mas complicado. Admitía que la pena de amor conducía al arte. Pero también sostenía que el propósito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amado. Así parecía opinar Ives Castagnino, el músico de Palermo, quien componía valses melancólicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que mas tarde le servían para deslumbrar señoritas nuevas y así recomenzaba el círculo. Algunos muchachos sin vocación artística trataban de merecer a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza o la extorsión. Los autores de

BALADA DEL AMOR IMPOSIBLE

de Alejandro Dolina.


Los cronistas más serios del barrio del Ángel Gris coinciden en destacar la propensión de sus habitantes hacia los amores imposibles. 
Así, mientras los jóvenes de otros barrios se enamoran de muchachas groseramente posibles, los hombres de Flores parecen condenados a amar - casi siempre en secreto - a mujeres que no serán para ellos. 
Y en honor a estas damas es que los Hombres Sensibles hacen lo que hacen. 
Algunos emprenden desde chicos el estudio del violín, únicamente para aprender a tocar un vals en obsequio de su amada. No importa que ella no alcance jamás a oírlo. Ese no es el punto. 
Otros indagan los secretos de la versificación y se sumergen en el dolor para lograr una poesía. Hay quienes se ejercitan en el coraje y cultivan la guapeza. Y no faltan los que eligen la melancolía o la locura. 


Piensan los Hombres Sensibles que siendo mejores merecerán ser amados. Y para la ética sentimental de este barrio, los mejores hombres son artistas, valientes, tristes o locos. Por eso los muchachos más virtuosos de Flores sufren por amor. Esta realidad ha despertado la atención de todos y la piedad de muchos. Cada semana, los enamorados de Flores reciben el consejo de sus amigos sabios de otras barriadas. 
- ¿Por qué amar a la Gran Marquesa del Norte, que es en realidad un duende? ¿Por qué no conformarse con la hija del yesero? Son voces tentadoras que exponen las ventajas del amor razonable. A estas exhortaciones, los Hombres Sensibles responden - no sin acierto – que en el amor no existe el libre albedrío y que nadie puede decidir de quién va a enamorarse. 
Sin embargo - ya a riesgo de caer en especulaciones psicológicas fuera de tono - cabe reconocer que los muchachos del Ángel Gris tienden a aproximarse sentimentalmente a las mujeres que menos les convienen. 
Los tratadistas de Villa del Parque y los Refutadores de Leyendas sostienen que buscar pareja es una tarea enteramente racional y hasta científica. Vale la pena citar la novela didáctica "Hoy te amo con la cabeza", del profesor Amadeo Battista. Esta obra esconde -apenas- la tesis antedicha, entre los rotosos pliegues de su trama. 
Parecidos criterios auspicia la esposa de este pensador, la doctora Alba C. de Battista en su libro "Me casé con un cretino". Muchos hombres de negocios, comerciantes e industriales de la zona han entendido que el amor imposible es cosa nefasta, no sólo para el que ama, sino también para el desarrollo de las actividades productivas en general. 
Declaran estos lúcidos mercaderes que, por lo común, los enamorados sin esperanza son pésimos empleados, más atentos al recuerdo de unos ojos pardos que a la correcta realización de una nota de débito. 

domingo, 12 de enero de 2014

BROCHETTE AGRIDULCE DE BONDIOLA Y MANZANA

Tiempo de preparación: menos 15 minutos
Tiempo de cocción: menos de 15 min.


Ingredientes para 2 personas.


500 gramo/s de Bondiola de cerdo
1 unidad/es de Manzana
1 pizca/s de Nuez Moscada
Cantidad a gusto de Sal y Pimienta Agregar a la lista

Preparación:
- Cortar la bondiola en cubos o láminas (no muy finas, es a gusto). Cortar la manzana en rodajas (con o sin piel)

- Intercalar los trozos de bondiola con las láminas de manzana, insertándolas en el palito de brochette

- Condimentar con una pizca de nuez moscada, sal y pimienta

- Cocinarla a la parrilla (o plancha u horno) durante 15 minutos, girándola. Retirar y servir.


Se calcula tres brochettes por persona.

Cuando se saque de la parrilla rociarle una reducción de sidra por arriba para un mayor contraste.


Proceso: Vierta en una cacerola la media una botella de  sidra de manzana y cuatro cucharadas de miel y deje reducir a fuego mínimo hasta la mitad. 



jueves, 9 de enero de 2014

Tomates rellenos

Tiempo de preparación: 15 a 30 minutos
Tiempo de cocción: de 15 a 30 min.



Ingredientes

8 unidad/es de Tomates (de 4 cm de diámetro)

1 unidad/es de Diente de Ajo

8 cucharada/s de Aceite de Oliva

hoja/s de Perejil

hoja/s de Albahaca

12 cucharadita/s de Arroz Gallo doble carolina (cocido)

Cantidad a gusto de Sal y PimientaAgregar a la lista
Preparación

- Cortarles una tapita superior a los tomates y reservarla. Ahuecarlos con cuidado y escurrirlos boca abajo

- Procesar la pulpa de tomate con el ajo. Mezclar con el aceite de oliva, las hojas de perejil y albahaca picadas, sal y pimienta, más el arroz

- Acomodar los tomates en la fuente y rellenarlos de modo parejo (que entre una cucharadita y media de arroz por tomate)

- Cubrir con las tapitas reservadas y llevar a horno mediano 25 minutos. Servirlos fríos o calientes y, si quiere, decorar con hojitas de albahaca fresca.

miércoles, 8 de enero de 2014

Mil hojas de pescado y verduras


Mil hojas de pescado y verduras
Aceite de oliva
Espinaca 1 atado
Papa 500 grs
Sal
Merluza 1 kilo
Zanahoria 2
Apio 1 rama
Cebolla de verdeo 1 rama
Queso rallado 100 grs
Para el ligue:
Huevo 5
Ajo 2 dientes
Ralladura de limón 1 cdta
Sal
Pimienta
En una fuente para horno con base aceitada, cubrir con dos capas de rodajas de papa, salar, cubrir con una capa de espinaca y salar. Cubrir con filetes de merluza y salar. Colocar la zanahoria rallada, apio picado y la cebolla de verdeo picada, Salar. Terminar con la espinaca, las rodajas de papa y el queso rallado. Verter el ligue sobre la preparación y llevar al horno fuerte por 25 minutos.

Para el ligue, mezclar el ajo, con los huevos y la ralladura de limón, salpimentar.